Transcurre el segundo mes de un año desafiante en todos los órdenes, no solo para Cuba, sino para la región y el mundo. El calendario marca un nuevo día. La pequeña y gran Isla, otra vez amanece bajo los efectos del más cruel de los bloqueos, como ocurre desde hace más de seis décadas en la historia de la nación.

La que vivimos hoy, ha sido la realidad de generaciones de cubanos. Es la batalla diaria de la resistencia de un pueblo. Es la lucha cotidiana contra las maniobras enfermizas de sucesivos gobiernos norteamericanos, que han ignorado durante años el reclamo de la comunidad internacional que exige el cese de la inhumana política de asfixia económica contra la familia cubana.

 Los efectos de esta guerra contra la economía, la sociedad y los sueños de progreso de millones de cubanos, no han cesado ni un solo día. En los últimos años, la cruel política de la administración norteamericana ha sido recrudecida. Ciertamente, los impactos de ese cerco de asfixia económica se ven reflejados en todos los ámbitos de la sociedad. Ningún sector escapa de los impactos del bloqueo, el más prolongado y abarcador sistema de medidas coercitivas unilaterales jamás aplicado contra nación alguna.

El gobierno de los Estados Unidos ha ignorado por más de treinta años las sistemáticas resoluciones aprobadas por la Asamblea General de las Naciones Unidas y las voces a lo interno de la sociedad estadounidense que abogan por poner fin al bloqueo. 

Es una política obsoleta que ha terminado por desacreditar y aislar a la norteña nación. Sin embargo, se mantiene inamovible. La osadía de nuestro pueblo es reconocida y admirada a escala global. El mayor desafío está en preservar la unidad de la nación, porque ante el mundo, el bloqueo ya fue vencido con una resistencia inigualable. La dignidad de un pueblo no se puede bloquear.

FOTO: periódico Granma


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