¿ Por casualidad, eres de los que, sin pensarlo, muerden una guayaba o mastican el pan siempre con el mismo lado de la boca ? Muchos tenemos ese lado favorito, ese “equipo” de dientes que lleva toda la carga. Parece un detalle sin importancia, un simple capricho de comodidad. Pero, ¿ y si te dijera que este pequeño hábito puede estar causando un gran desorden en tu boca ?

Imagina tu mandíbula como una bisagra perfecta. Cuando usas ambos lados por igual, todo se mueve en armonía, los músculos trabajan en equipo y la presión se reparte como en una balanza. Pero al usar solo un lado, ese equilibrio se rompe.

El lado "favorito" se convierte en un héroe cansado y sobreexplotado. Sus músculos se fatigan más, sus dientes se desgastan prematuramente y puede incluso desarrollar dolor crónico, como en la articulación de la mandíbula (ATM). Es como si solo ejercitaras un brazo: terminaría más grande, tenso y dolorido.

Mientras tanto, el lado "olvidado" se vuelve un vago perjudicial. Al no usarse, la encía a su alrededor se debilita, acumula más sarro y se vuelve propensa a infecciones. Pero el problema no se queda ahí. 

Este desbalance muscular puede traducirse en dolores de cabeza, tensión en el cuello e incluso en una asimetría sutil en el rostro, donde el lado más usado se ve ligeramente más desarrollado.

¿Por qué hacemos esto? A veces es por un mal hábito inconsciente. Otras, es la señal de alarma de que algo no va bien: una muela cariada, un empaste alto que molesta, un diente sensible o la falta de una pieza en el lado "evitado". Nuestra boca es sabia y busca el camino sin dolor, aunque sea el camino equivocado.

Por eso, la próxima vez que comas, sé consciente. Intenta convertir la masticación en un acto bilateral, en un ejercicio de equilibrio. Si descubres que evitas un lado no por costumbre, sino por molestia, esa es tu señal para visitar al dentista. 

Al final, masticar parejo no es solo una cuestión de simetría; es un acto de mantenimiento preventivo para una de las máquinas más fascinantes y útiles de tu cuerpo: tu propia boca. Cuídala por ambos lados, y ella te lo agradecerá con una sonrisa equilibrada y sin dolor.

FOTO: (odontologos.com)


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