Ya en los albores de 1968, el alma de un sueño comenzaba a latir en el corazón de Rolo Monterrey en Moa. Las viviendas 301 A y B, antes hogares de Miguel Ángel Caraballo Puente y José Tudurí, se transformaban para dar vida a "Los Mineritos", el primer círculo infantil que abriría sus puertas en la pujante ciudad industrial. No solo se estaban remozando paredes; se estaba construyendo el nido que acogería las primeras esperanzas de la ciudad.
Mientras los últimos retoques daban forma al local, las mujeres que serían las primeras custodias de esos sueños partieron a capacitarse, a llenar sus almas de herramientas pedagógicas. Al frente de aquella misión fundadora fue designada Santa López, una directora pionera. Junto a ella, como educadora, Isabel Utria, y un grupo de valientes fundadoras: Melba Aguirre, Caridad Tujeiro, Zenaida Aguirre, Gladis, Soledad y otras tantas que pusieron la primera piedra de la educación infantil en el territorio. El timón del barco, con el paso de los años, pasaría a otras manos igualmente comprometidas, como las de Doris Núñez y Miriam Mastrapa, quienes también dirigirían esta institución.
El día inaugural, "Los Mineritos" abrió sus brazos para recibir a 28 pequeños. En sus inicios, el cálido amparo del círculo fue un beneficio destinado, principalmente, a las obreras de la emblemática fábrica "Comandante Pedro Sotto Alba". Ellas, forjadoras del níquel, encontraban así la tranquilidad de saber a sus hijos cuidados y estimulados. Entre aquellas madres trabajadoras, recordamos con gratitud a Ana Airón, María Caridad Suárez, María Teresa Lorences, Emilia Ulloa, Adela Triana, Caridad Armada, y muchas otras que confiaron su tesoro más preciado a la joven institución.
El tiempo, implacable, ha tejido sus hilos y hoy, aquellos infantes de 1968 son hombres y mujeres de provecho. ¿Quién iba a decir que Carlos Sampson Airón, uno de los primeros en cruzar esas puertas, sería hoy ingeniero en la OSDE Cubamiquel? ¿O que Blanca Aurora Moreno Lorences, que dio sus primeros pasos en aquellos salones, se convertiría en licenciada en Economía, hoy en la Empresa Comandante Pedro Sotto Alba?
La lista es un hermoso testimonio de cosecha: Luis Reinaldo Armada, hoy trabajador de la propia Pedro Sotto Alba; Ana Suárez Suárez, que lleva su vocación de servicio como médico; Nivia Navarro, y una larga estela de niños, hijos de aquellas trabajadoras, que vieron su futuro florecer a partir de aquel 10 de marzo de 1968.
Hoy, cuando celebramos con orgullo el 58 aniversario de la creación de los Círculos Infantiles en Cuba, la memoria se nos puebla de imágenes. Recordamos que, con el empuje socioeconómico de la década del 70 en nuestra región, surgieron nuevas y flamantes edificaciones concebidas especialmente para este fin: "Los Pequeños Constructores", "Pequeños Industriales", "Dulces Caricias" y otros, fueron levantándose como hitos de una política social que miraba al futuro, a los que se suma la casita infantil.
Sin embargo, al rememorar esta historia, el corazón se nos detiene con especial cariño en "Los Mineritos". El primero. El que nació del ingenio y la voluntad, no de un plano arquitectónico, sino de la remodelación de dos viviendas humildes en Rolo Monterrey. Aquel que, con solo 28 niños, sembró la semilla de lo que hoy es una tradición. Aquellos primeros infantes, hijos de madres trabajadoras, son hoy padres y madres que, en un hermoso ciclo de la vida, confían a sus propios hijos a las manos amorosas de nuestros círculos infantiles.
En este aniversario 58, bien vale detenerse a recordar estas cosas. Porque en la sencillez de aquella casa remodelada y en la mirada de aquellos 28 niños, se encierra la más pura esencia de la Revolución: la certeza de que el futuro se construye, día a día, cuidando de los más pequeños.
FOTOS: Camilo Velazco Petittón

