El cáncer sigue representando un desafío para la salud pública mundial. Múltiples factores, el envejecimiento de la población, los hábitos poco saludables, las infecciones y la exposición ambiental, contribuyen a la creciente carga del cáncer. Las personas, las familias y los sistemas de salud sufren cada vez más el impacto emocional y psicosocial perjudicial, así como la presión financiera, que conlleva el cáncer.
Cada año se diagnostican en el mundo más de 14 millones de casos nuevos y la enfermedad provoca 9,6 millones de muertes al año.En nuestro país fallece una persona por cáncer cada 20 minutos, y que cada día se diagnostican alrededor de 140 casos. Los tratamientos con radioterapia y la quimioterapia son muy costosos, así como también resultan de alto valor hasta las piezas de repuesto de los equipos empleados en su realización.
La obtención y realización de los fármacos para el país también es cara, y es una de las tantas áreas donde impacta profundamente el bloqueo. Es tan dañino para un paciente oncológico no poder hacerse su tratamiento, como no poder continuarlo, o retrasarlo en el tiempo que debía. Cada medicamento que falta es una herida abierta, un obstáculo que se interpone entre la ciencia y la posibilidad de salvar vidas.
Los médicos, con creatividad y resistencia, enfrentan estas carencias, pero el dolor de saber que un niño podría recibir un tratamiento más eficaz si no existieran esas barreras del bloqueo es un peso que nunca se aligera.
El lema “Unidos por lo Único” no solo resuena en la isla, sino que se materializa en cada consulta, cada tratamiento y cada esfuerzo por mejorar la vida de quienes padecen esta enfermedad.
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