Cada 7 de junio se celebra el del bibliotecario en Cuba. La función social de cientos de hombres y mujeres en tan  imprescindible misión ha estado vinculada a la promoción del conocimiento, la cultura y la literatura como lo hizo el Padre de la bibliografía cubana Antonio Bachiller y Morales, nacido en esta fecha del año 1812 y a quien el Héroe Nacional de Cuba, José Martí, calificó como Patriarca de las letras cubanas. 

Aunque se instauró como una efeméride nacional, el 7 de junio de 1981, esta fecha tuvo su origen en 1950 por iniciativa del periodista César García Expósito para recordar la impronta de quien es considerado uno de los más prestigiosos intelectuales cubanos, quien dedicó parte de su vida a estudiar la cultura de la América precolombina. 

Ser bibliotecario implica haber asumido con un profundo sentido de responsabilidad y decoro la necesidad cada vez más apremiante de ayudar a las personas a canalizar debidamente sus necesidades informativas de forma ética y coherente. 

Los bibliotecarios cubanos suman a su tradicional trabajo una amplia labor de extensión cultural. Ellos llegan, con el libro y la literatura, a distantes zonas de la geografía cubana, así como a escuelas, barrios, centros penitenciarios, entre otros espacios. Las bibliotecas públicas cubanas acogen también talleres literarios; organizan círculos de lectura en las escuelas; y diversas tertulias sobre el libro y sus autores. 

Junto a cada investigador, estudiante, o creador siempre está el bibliotecario. Ellos ofrecen el consejo certero y oportuno. Con su labor, callada pero precisa, también se difunde y conserva la cultura cubana.