Centro Auditivo de Holguín mantiene la atención a infantes con hipoacusia
El Centro Auditivo de Holguín mantiene la atención a infantes con hipoacusia, aun en medio de la crisis energética que atraviesa Cuba, producto de la política hostil de los Estados Unidos hacia la Isla.

Un compromiso con la vida de los pacientes con cáncer es la premisa de los especialistas del Centro Oncológico Territorial de Holguín, institución de referencia nacional en el seguimiento y tratamiento de tumores malignos en diferentes localizaciones.
Hoy vamos a hablar de algo que todos tenemos, de lo que nadie habla en la mesa y que, sin embargo, pasa horas con nosotros cada día. Ese bultico anaranjado o marrón que de vez en cuando te atreves a eliminar con un hisopo, y hasta con un gancho de pelo, La cera de los oídos, o cerumen, como la llaman los entendidos, es una de esas cosas que la naturaleza inventó y que nosotros, con nuestra manía de la limpieza extrema, hemos decidido odiar sin motivo.
Si observas las orejas de las personas verás la gran variedad de formas, pero: Detengámonos un momento a observar nuestras orejas. Si lo piensan, son unos artefactos bastante peculiares. Tienen protuberancias, valles, curvas, lóbulos que cuelgan y pliegues que parecen sacados de un mapa de carreteras en miniatura. No se parecen a nada. No son lisas como las de un delfín, ni grandes y móviles como las de un elefante. Son nuestras, sí, pero ¿alguna vez nos hemos preguntado por qué tienen exactamente esa forma? ¿Fue un capricho de la naturaleza o hay una razón de fondo?
Alguna vez te has detenido a pensar qué pasa realmente cuando un médico te toca? No hablo de cuando te toma la presión con ese aparato que aprieta el brazo, ni de cuando te ausculta con el estetoscopio frío. Hablo del momento en que te examina físicamente, cuando sus dedos presionan tu abdomen, palpan tus ganglios o sienten el pulso en tu muñeca. ¿Es solo un trámite, un requisito del protocolo clínico para rellenar la historia médica? Te aseguro que no. Para un médico, las manos son, en realidad, un segundo par de ojos que no necesitan luz para ver.
¿Se ha preguntado alguna vez por qué recordamos los olores? Hay un aroma que nos detiene en seco. Puede ser el olor a tierra mojada después de la lluvia, ese perfume inconfundible que nos devuelve a una tarde de la infancia jugando en el fango. O el inconfundible olor del café que hacía la abuela, su cocina entera: los azulejos, la luz de la mañana, su voz. Recordamos los olores con una nitidez y una potencia que, a menudo, ni las fotografías pueden igualar. ¿Por qué? La respuesta no está en el corazón, sino en un rincón muy primitivo de nuestro cerebro.
El parasitismo o parasitosis intestinal es una condición en la cual un parásito infecta el tracto gastrointestinal de los seres humanos y otros animales. Estos agentes patógenos suelen alojarse en el tubo digestivo, pero algunos tienen etapas en su ciclo de vida donde se localizan en otros órganos o de hecho se alojan en otras partes del cuerpo. Generalmente entran al organismo por la boca, a partir del consumo de agua o alimentos contaminados, aunque también hay parásitos que pueden penetrar a través de la piel.









