¿Tienes una pequeña hendidura vertical que va desde la base de la nariz hasta el borde del labio superior? Se llama filtrum (o surco nasolabial, si quieres sonar más científico). Todo el mundo lo tiene, nadie le presta atención, y sin embargo, es una de las partes más curiosas y con más historia de tu cara.

Lo primero que tienes que saber es que el filtrum no es un adorno ni un resto inútil. Tiene una función muy clara y muy antigua, pero los humanos la hemos ido perdiendo con la evolución. En muchísimos mamíferos (perros, gatos, caballos) el filtrum está húmedo y conecta directamente con un órgano sensorial extra llamado órgano de Jacobson (o vomeronasal). Ese órgano detecta feromonas, que son sustancias químicas invisibles que los animales usan para comunicarse. 

El filtrum actúa como un canal que lleva las goticas de olor desde el labio hasta ese detector especial. Por eso ves a los perros y gatos hacer la "cara de flehmen": levantan el labio, arrugan el hocico y aspiran por el filtrum para analizar el mensaje químico.
En los humanos, ese órgano vestigial dejó de funcionar hace millones de años. Nos quedamos con la ranura... pero sin el superpoder. Entonces, ¿para qué sirve ahora? Pues tiene dos funciones bastante prácticas.

La primera tiene que ver con el desarrollo embrionario y la succión. El filtrum se forma en el vientre materno entre la sexta y octava semana de gestación. Es la línea de unión de tres bloques de tejido facial: dos laterales (que serán las mejillas) y uno central (que será la nariz y el labio medio). Si esa unión falla, se produce el famoso labio leporino (fisurado). El filtrum es la cicatriz de ese encuentro perfecto. Y durante la lactancia, esa ranura ayuda a que el pezón quede centrado y a crear un vacío estable. Los bebés que no tienen bien formado el filtrum pueden tener problemas para mamar.

La segunda función es drenar el sudor y el agua. ¿Nunca te ha pasado que tomas un chorro de agua y esta baja por la nariz hasta la boca? El filtrum canaliza las gotas que resbalan desde la punta nasal hacia el labio superior. Es una pequeña canaleta biológica.

Y luego está el factor estético y emocional. El filtrum es un punto de referencia visual para los humanos: cuando miramos un rostro, instintivamente evaluamos la longitud y profundidad del filtrum. Un filtrum demasiado corto o borroso se asocia a ciertos síndromes genéticos. Demasiado largo puede dar sensación de rostro envejecido. De hecho, con la edad, el filtrum se alarga y se aplana, y muchos procedimientos de cirugía estética facial lo acortan para dar sensación de juventud.

Pero más allá de la estética, hay un detalle fascinante: el filtrum es increíblemente sensible al tacto. Está lleno de terminaciones nerviosas. Acariciarlo con un pelo o un dedo produce una sensación muy peculiar. Algunos científicos creen que esa sensibilidad ayudaba a nuestros antepasados primates a evaluar la textura de frutas o vegetales antes de llevarlos a la boca. De manera que esa ranurita inútil a simple vista tiene una historia que viene de nuestros ancestros.

FOTO: (everlastwellness.com)


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