Imagino que alguna vez has observado tus labios al espejo, y de repente has visto un montón de puntitos blancos o amarillentos que parecen pequeños granos. No duelen, no pican, no se convierten en espinillas, pero ahí están. Y una vez los ves, no puedes dejar de verlos.

Se llaman gránulos de Fordyce. Y si los tienes, no te preocupes: no son una enfermedad, ni una infección, ni un quiste raro. Son totalmente normales y, salvo por la molestia estética de que te parezcan antiestéticos, no tienen ninguna importancia médica.
Pero entonces ¿por qué salen? 

Tu piel, el borde de tus labios y otras zonas más íntimas tiene glándulas pequeñísimas que se llaman glándulas sebáceas. Su trabajo es producir una sustancia aceitosa llamada sebo, que sirve para lubricar y proteger tanto la piel como el vello. En la mayoría de los sitios, esas glándulas están conectadas a un folículo piloso (es decir, a un pelito) y el sebo sale por ese mismo conducto.

Pero en zonas como el borde de los labios, el interior de las mejillas ocurre una cosa curiosa: esas glándulas sebáceas están solas, sin pelo asociado. Son como pequeñas fábricas de aceite que no tienen tubería de salida directa hacia la superficie. Entonces, el sebo que producen se acumula justo debajo de la capa más fina de la piel, formando esos puntitos que ves.

Por eso los gránulos de Fordyce no son ni puntos negros ni espinillas: no hay un poro bloqueado porque directamente no hay poro. Es solo sebo atrapado debajo de una piel muy fina y transparente.

¿Y por qué unas personas los tienen más visibles que otras? Aquí entran dos factores: la genética (si tus padres los tenían notorios, probablemente tú también) y las hormonas. En la adolescencia, con los cambios hormonales es típico, esas glándulas se activan y pueden hacerse más evidentes. Con la edad, a veces disminuyen un poco, pero no desaparecen del todo.

Dato curioso: entre el 70 y el 90 % de los adultos tiene gránulos de Fordyce. Los más habituales son en los labios, pero también pueden aparecer en el pene, la vulva o incluso alrededor de la areola del pezón.

¿Se pueden quitar? Técnicamente sí, pero casi ningún médico lo recomienda porque son benignos, indoloros y al intentar eliminarlos puedes dejar cicatrices o manchas. La clave es aceptarlos: mucha gente ni siquiera nota los tuyos hasta que tú se los señalas.
Esos puntitos no son falta de higiene, ni una enfermedad rara, ni un bicho extraño. Son solo tus glándulas sebáceas haciendo su trabajo.

FOTO: (tuasaude.com)


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