Llevas puestos un montón de anillos sin haberte casado. No son de oro ni de plata, pero trabajan para ti las 24 horas. Si miras con atención tu cuerpo, verás que la naturaleza tiene una debilidad por la forma circular. Y no es capricho: el anillo es una de las estructuras más eficientes que existen y tenemos más de 61 en nuestro cuerpo.
Piensa en tu tráquea. Ese tubo por donde pasa el aire no podría mantenerse abierto si no fuera por una serie de anillos de cartílago, como las argollas de una manguera de aspiradora. Sin ellos, cada inspiración profunda colapsaría la vía y nos ahogaríamos. Ahí tienes el primer motivo: un anillo reparte la fuerza de manera uniforme y evita que algo se cierre o se rompa.
Luego están los esfínteres, que son anillos musculares. El pilórico, al final del estómago, se abre y se cierra como un portero de discoteca: decide cuándo pasa la comida al intestino y cuándo no. El esfínter anal hace lo mismo al final del recorrido. Son anillos vivos que controlan el paso de sustancias, y sin ellos la digestión sería un caos.
En el corazón, las válvulas no cuelgan en el aire: están cosidas a unos anillos fibrosos que les dan soporte, como el aro de una cama elástica. Ese armazón circular permite que las válvulas se abran y cierren millones de veces sin desgarrarse.
Hasta en la columna vertebral tienes anillos: los discos entre vértebras tienen un anillo fibroso que envuelve un núcleo gelatinoso. Si ese anillo se rompe, aparece la temida hernia discal. O sea, el anillo es un contenedor perfecto: resistente por fuera, flexible por dentro.
Incluso tu sistema de defensa tiene un anillo: el anillo de Waldeyer, formado por las amígdalas y adenoides, que vigilan la entrada de la garganta como un collar de centinelas.
¿Y por qué tantos anillos? Porque el círculo es la forma geométrica que mejor distribuye tensiones, permite abrir y cerrar sin esquinas débiles, y rodea conductos sin interrumpir el flujo. La evolución no estudió ingeniería, pero llegó a la misma conclusión que un arquitecto: si necesitas sostener, controlar o proteger un tubo, nada mejor que un anillo.
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