El General de las tres guerras independentistas, Calixto García Íñiguez, nació hace 187 años, el 4 de agosto de 1839, en la ciudad de Holguín, jurisdicción entonces de la provincia de Oriente.
Inscrito en la historia como León holguinero y León de Santa Rita (Jiguaní), también fue honrado por José Martí al llamarlo “el hombre de la estrella en la frente”, teniendo en cuenta, sin dudas, sus méritos de combatiente y patriota, y principalmente por la marca que dejó en su frontal la salida de un proyectil con el que intentó suicidarse, para no caer vivo en manos del enemigo.
Casi un niño, por razones económicas debió asumir faenas en el ramo del comercio, en las que se hizo experto contable, pero a la par realizó una superación autodidacta en asignaturas humanísticas. Siempre quiso acceder a la Universidad, aunque no pudo cumplir ese sueño.
Tras estancias temporales en La Habana y Bayamo, lugares en los que trabajó y estudió por cuenta propia, con la ayuda de familiares, pasó a residir en Jiguaní, pequeño poblado oriental, alejado de su natal Holguín. Allí administró un tejar propiedad de su madre, Lucía Íñiguez, quien resultó otra probada patriota.
También se casó en esa comarca con Isabel Vélez y formó una familia de seis vástagos. Fueron tiempos en que, además, llevó cuentas de un terrateniente lugareño. En ambas faenas lo sorprendió el estallido de la primera guerra de independencia, el 10 de octubre de 1868.
Calixto García se incorporó y enseguida comenzó a destacarse, primero bajo las órdenes del general Donato Mármol y más adelante al Estado Mayor del general Máximo Gómez.
Adquirió sus invaluables conocimientos militares de forma autodidacta. Fue el general que mayor empleo llegó a hacer de la artillería, planificaba el asedio y toma de comunidades y ciudades, así como los asaltos de columnas enemigas.
Participó en la Guerra de los Diez Años (1868-1878), la Guerra Chiquita y la Guerra Necesaria (1895-1898).
Bajo el mando del mayor general Máximo Gómez, luchaba con el grado de general de brigada y en agosto del mismo año se convirtió en jefe de su estado mayor, cuando éste era jefe de la División de Holguín.
Sustituyó al Generalísimo --cuando fue a ocupar otros cargos--en la jefatura de la División Cuba, que abarcaba los distritos de Baracoa, Guantánamo, Santiago de Cuba y El Cobre, aunque mantuvo el mando de la referida División.
Luego pasó a dirigir la guerra en toda la provincia de Oriente. Tras múltiples batallas durante 1873 y 1874, marchó hacia Camagüey. Con el acuerdo de realizar la invasión a Las Villas, regresó a Oriente (¿?).
En septiembre de 1874, el enemigo logró cercarlo en San Antonio de Baja, próximo a Bayamo. Prefirió morir por su propia mano antes que caer en manos de los españoles y se disparó debajo de la barbilla, pero no consiguió su fin: la bala salió por la frente y lo marcó para siempre.
Muy grave, fue hecho prisionero y enviado a cárceles españolas, donde permaneció cuatro años. Con el Pacto del Zanjón, el 10 de febrero de 1878, fue puesto en libertad en ese mismo año.
Marchó a Nueva York para organizar una nueva campaña. Allí presidió el Comité Revolucionario Cubano que alistó la llamada Guerra Chiquita. Logró desembarcar por Santiago de Cuba.
Enfermó y sin condiciones para la lucha, capituló unos tres meses después. Fue deportado a España, donde residió hasta que comenzó la Guerra del 95, cuando se trasladó a Nueva York.
Tras el estallido de la Guerra Necesaria convocada por José Martí, solo logró regresar a Cuba el 24 de marzo de 1896.
También fue meteórico su aporte como jefe militar. Tras la caída del mayor general Antonio Maceo el 7 de diciembre de 1896, lo nombraron lugarteniente general del Ejército Libertador, a cargo de la jefatura jefe del Departamento Oriental.
Estados Unidos intervino a fines de 1898 para frustrar la independencia a punto de ser ganada por los mambises. A pesar de la contribución de los cubanos en armas a la toma de Santiago de Cuba, el ejército norteamericano negó la entrada a la ciudad de las huestes del General García.
Indignado por la acción vejatoria, García renunció al cargo de jefe del Departamento Oriental y marchó con sus tropas hacia Jiguaní. Escribió una carta de renuncia al jefe de las fuerzas norteñas. Ya había comprendido las verdaderas intenciones de los invasores.
El 13 de septiembre de 1898, el Consejo de Gobierno lo destituyó del cargo de lugarteniente general del Ejército Libertador. Días después hizo su entrada en Santiago de Cuba donde lo aclamó el pueblo.
Los acontecimientos propiciaron su viaje posterior a Washington con la misión de procurar el reconocimiento a los verdaderos libertadores, así como los recursos financieros necesarios para el licenciamiento de los miembros de su ejército. Durante esa misión ocurrió su lamentable deceso.
Una fulminante pulmonía acabó con la vida del general Calixto García el 11 de diciembre de 1898 en la capital estadounidense.
FOTO: Archivo Web

