En un luchador de la talla de Frank País García se conjugaron de manera singular el temple que incita a la audacia, la ternura para amar entrañablemente a su madre, y la sensibilidad para tocar el piano o escribir, desgarrado por el dolor, un poema a su hermano Josué, caído el 30 de junio de 1957, a quien vaticinó entre los héroes su destino, por su gran arrojo y rebeldía.
Muchas virtudes distinguieron a Frank, sobre todo la de combatiente de primera línea, reconocidas en momentos decisivos de su vida por compañeros de armas como Fidel Castro quien, conmovido por su asesinato, el 30 de julio de 1957, en el Callejón del Muro, de Santiago de Cuba, diría desde la Sierra Maestra que el pueblo de Cuba no sospechaba aun lo que había en él de grande y prometedor.
Su madre, Doña Rosario, herida ante el dolor por su prematura muerte cuando solo tenía 22 años, pero también orgullosa por el héroe que le había nacido sin proponérselo, expresaría: “Como hijo era un modelo, como patriota era otro modelo. Era una maravilla Frank”.
Asombraba el joven de sólidos principios y una madurez tal que tuvo el don de entender la importancia de la participación de las mujeres en la lucha, y sentía especial cariño por las que combatieron a su lado como Haydée Santamaría, Celia Sánchez, Vilma Espín, Asela de los Santos, Gloria Cuadras y otras tantas, a las que cuidaba como hermanas en las peligrosas misiones que asumían.
Para definir todavía más la firmeza de sus convicciones y su compromiso con Cuba, en carta a su novia América reveló: “Tienes una rival que me ha robado en cuerpo y alma…he sufrido tanto por ella que la amo profundamente, de corazón. He olvidado todo, tú, yo, los demás, solo ella me interesa. En mis venas arde un solo deseo: servirla”.
Es digno evocar su ejemplo de vida tan corta y que ofrendó tanto a la patria, la que para él estaba por encima de todo; al punto de haberse escogido la fecha de su asesinato: 30 de julio (1957) y el de Raúl Pujol Arencibia, como Día de los Mártires de la Revolución, por encarnar las virtudes de lo más promisorio de la juventud de su época que lo entregó todo por la libertad.
Alumno brillante, estudió en la Escuela Normal para Maestros de Oriente, de donde egresó el 6 de julio de 1953; soñaba enseñar para contribuir a la formación de ciudadanos dignos, pero se convirtió en educador de superior alcance, lo cual tenía coherencia con un pensamiento revolucionario de hondo ideario martiano, principios democráticos y aspiraciones de que reinara la justicia en su tierra.
A raíz del golpe de estado de Fulgencio Batista, el 10 de marzo de 1952, Frank empezó a destacarse en la promoción y participación de acciones de más envergadura, de acuerdo con sus ideas que se radicalizaron aún más tras el asalto al cuartel Moncada, el 26 de julio de 1953, con la tropa de la Generación del Centenario liderada por Fidel, en el reinicio de la contienda libertaria.
La ancestral hospitalidad de Santiago de Cuba, donde las casas y su gente eran cómplices y colaboradores incondicionales de la causa revolucionaria, se hizo patente tras el ataque a la segunda fortaleza militar del país, cuando el ejército batistiano incrementó la persecución y crímenes con los asaltantes sobrevivientes, y la masacre no fue mayor ya que muchas personas los protegieron.
Y en esa avanzada estuvo Frank País, quien luego de aquellos sucesos recorrió el legendario centro urbano en búsqueda de combatientes con vida para ayudarlos; elaboró luego un plan para rescatar a los moncadistas presos en la cárcel de Boniato, pero no lo llevó a cabo por no contar con los recursos necesarios.
En 1954 fundó una organización revolucionaria nombrada Acción Liberadora Nacional, que propugnaba la lucha armada como solución al problema de Cuba.
Así cimentó un espíritu rebelde ante todo dogma, que le valió ser el alma del alzamiento armado de su indomable ciudad, el 30 de noviembre de 1956; en su condición de jefe nacional de Acción y Sabotaje del Movimiento 26 de Julio organizó y aglutinó fuerzas en una acción audaz, para distraer el poderío enemigo y apoyar el desembarco del Granma, que venía desde México con Fidel al frente.
Como líder Frank fue respetado y admirado, más bien un hombre querido por su trato afable, porque sabía fusionar sus excelentes relaciones humanas con la exigencia propia de la clandestinidad. Su fiel colaboradora, Vilma Espín, confirmó más de una vez que era muy riguroso con el cumplimiento del deber.
Su pensamiento emergió profundo, de avanzada para la época, tenía el aval de haber forjado un movimiento clandestino con un sentido de férrea disciplina, compartimentación y arrojo admirables; profetizó en tiempos de persecución y represiones, cuando su vida peligraba a cada instante: “El día que quede un solo cubano que crea en esta Revolución, ese cubano seré yo”.
Y él no temía a la muerte, así lo acentúan varios testimonios. Arturo Duque de Estrada, uno de sus más cercanos colaboradores, dijo en una ocasión: “Estoy seguro de que no le preocupaba morir, sino dejar la misión inconclusa”.
Cuba entera y especialmente su Santiago natal no olvidan ese aciago día, cuando los esbirros de la tiranía pro imperialista de Batista le hicieron un cerco en la casa donde se protegía junto Raúl Pujol; allí fueron detenidos y vilmente asesinados en plena calle, víctimas de una delación.
El entierro salió de la casa de su novia América Domitro, se organizó como un desafío a la dictadura y alcanzó una convocatoria masiva que la convirtió en la más grande manifestación popular conocida hasta entonces en Santiago. Su cuerpo fue vestido con el uniforme verde olivo y el brazalete negro y rojo del Movimiento 26 de Julio.
No le faltaron razones a su amigo, Juan Grau Durán, que combatió bajo sus órdenes en los finales de la década del 50 del pasado siglo, cuando apuntó: “Hombre inmenso, revolucionario cabal, capaz de levantar en vida a Santiago de Cuba y de levantarla también en la muerte”.
Recordando aquella manifestación de duelo de 1957, un pueblo y una cuidad honran en la tarde de cada 30 de julio, desde 1959, a sus mártires amados con pétalos de rosas, lanzados desde los balcones durante la peregrinación.
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