En Cuba, la movilidad eléctrica comienza a adquirir un significado que trasciende la tecnología. En medio de las dificultades energéticas y las limitaciones con el combustible, diez autos eléctricos fueron incorporados en Holguín al traslado gratuito de pacientes que reciben tratamiento de hemodiálisis.
Para quienes dependen de una máquina para mantenerse con vida, llegar al hospital no es un trámite cotidiano. Es parte del tratamiento. “Un tratamiento dificilísimo diría yo, porque el hecho de que tengamos que vivir un día así, en una máquina de hemodiálisis, no es fácil”, explica Moraima Hidalgo Méndez, una de las pacientes beneficiadas.
La rutina es inaplazable. “Es un tratamiento que tenemos que cumplir, sí o sí...porque de ese tratamiento depende nuestra vida”, agrega. En Cuba, 2 mil 888 pacientes reciben actualmente tratamiento hemodialítico en 57 unidades especializadas. Mantener este servicio implica garantizar electricidad, agua, equipamiento e insumos médicos, pero también asegurar que los pacientes puedan llegar hasta los centros asistenciales. Las dificultades para acceder al combustible han convertido el transporte en un desafío adicional para las familias y para el propio sistema sanitario.
Una solución que comienza antes del amanecer.
En Holguín, los diez vehículos eléctricos incorporados al servicio pueden trasladar gratuitamente a dos pacientes y dos acompañantes por recorrido. Los conductores comienzan la jornada desde las primeras horas del día para garantizar que los pacientes lleguen a tiempo a sus sesiones. “Garantizamos desde las cinco de la mañana que salimos, recogemos pacientes a las seis y media hasta las 12. Cuando terminan el servicio, nosotros lo esperamos a la salida y los retornamos a su domicilio con toda la garantía”, explica Himer Aguilera Paredes, uno de los choferes. Un noble gesto humano.
Para Dania Lisbeth Dieguez Pérez, también conductora, el servicio representa una manera de aliviar parte de las dificultades que enfrentan los pacientes.
“Nosotros le hacemos la vida un poco más placentera, porque así no tienen que pasar trabajo, por lo menos en este sentido que es la transportación y que no tienen que gastar mucho dinero porque saben que ahora es difícil”, señala.
La experiencia de Holguín forma parte de una estrategia que se extiende por diferentes provincias del país. En una primera etapa, 200 autos eléctricos destinados a servicios médicos ya se encuentran en operaciones, como parte de una iniciativa financiada mediante el Fondo para el Desarrollo del Transporte Público.
El país gestiona además la incorporación de otros medios de transporte eléctrico para ampliar esta alternativa. En esta zona del oriente cubano, el proyecto incorpora otro componente: 144 paneles solares destinados a apoyar la carga de los vehículos. Más que una alternativa tecnológica. La movilidad eléctrica aparece así vinculada a uno de los grandes desafíos de Cuba: sostener servicios esenciales en medio de una compleja situación energética.
El automóvil eléctrico no sustituye por sí solo las soluciones que requiere el sistema de transporte ni resuelve las dificultades estructurales de combustible y generación eléctrica. Pero, aplicado a servicios prioritarios, puede convertirse en una herramienta para garantizar movilidad allí donde cada recorrido tiene un valor especial.
Para los pacientes de hemodiálisis, ese valor se mide en algo mucho más concreto: poder salir de casa, llegar al hospital, recibir su tratamiento y regresar.
“Estamos viniendo al tratamiento cómodos, nos recogen en la puerta de la casa y nos traen una vez terminamos la sesión de tratamiento. Agradecidos, terriblemente estamos de este servicio”, afirma Moraima.
En un país donde la crisis energética ha obligado a replantear formas de producir, transportarse y garantizar servicios básicos, estos vehículos representan una imagen particular de esa transición: la electricidad no solo mueve automóviles. También puede mover la vida.
FOTOS: Eddy de la Pera

