El inicio del curso escolar el primero de septiembre no representa solo el retorno a los libros y las aulas; constituye un hito social y humano determinante para miles de familias en Cuba.
En la rutina escolar se deposita la esperanza del futuro, pero para que el proceso pedagógico rinda sus frutos, la mente que aprende requiere un cuerpo bien nutrido. Es en esta intersección fundamental donde la labor del Programa Mundial de Alimentos (WFP) adquiere una dimensión estratégica y profundamente sensible, al transformar la alimentación escolar en un motor de desarrollo local, especialmente en las provincias del oriente del país.
El valor de Nutri Vida: nutrición desde los cimientos
Las acciones del Programa Mundial de Alimentos (WFP) en el oriente cubano no ocurren de manera aislada. Proyectos como NutriVida demuestran que la nutrición infantil no empieza en el aula, sino en la gestación y los primeros años de vida. Al respaldar a las embarazadas, a las madres lactantes y a la primera infancia en municipios orientales vulnerables, NutriVida asegura que las niñas y niños lleguen a la edad escolar con un desarrollo físico y cognitivo óptimo. Este enfoque integral previene las secuelas irreversibles de la malnutrición y sienta las bases biológicas necesarias para que el aprendizaje posterior sea real y duradero.
Un modelo circular: escuelas y productores locales en alianza
Cuando el niño cruza la puerta de la escuela, el Programa Mundial de Alimentos (WFP), consolida ese circuito de protección mediante un modelo que teje alianzas directas entre los centros educativos y las cooperativas o productores agrícolas del entorno.
Esta articulación trasciende la simple distribución de suministros y genera impactos clave en tres niveles: Calidad nutricional en la mesa escolar: La vinculación con fincas cercanas garantiza el acceso a alimentos frescos, diversos y con un perfil biológico superior, indispensables para sostener la energía, la concentración y la salud del alumnado.
Dinamización de la economía local: Comprar directamente a los agricultores de la comunidad asegura un mercado estable para sus cosechas, incentivando la producción territorial y generando ingresos sostenibles para las familias del campo.
Resiliencia y soberanía alimentaria: En regiones frecuentemente impactadas por contingencias climáticas y limitaciones de combustible, acortar las cadenas de transporte reduce la dependencia de insumos externos, construyendo un sistema alimentario capaz de adaptarse y resistir ante las crisis.
Invertir en la infancia es construir futuro. Gracias a la colaboración sostenida entre el WFP, las autoridades locales, los sectores educativos y de salud, y la cooperación internacional, la alimentación en las escuelas se consolida como una política de desarrollo integral. No se trata únicamente de servir un plato de comida al mediodía; se trata de sostener una red donde la educación, la salud pública y la soberanía alimentaria avanzan de la mano.
Al fortalecer los sistemas alimentarios locales desde la base comunitaria, cada inicio de curso escolar en el oriente de Cuba se transforma en una oportunidad renovada: la de garantizar que la infancia crezca sana, aprenda en igualdad de condiciones y florezca en el lugar donde nació.
FOTOS: UNICEF

