Cada año, el 26 de agosto recuerda al mundo la necesidad de mantener la vigilancia frente al dengue, una enfermedad que continúa representando un desafío para los sistemas sanitarios por su capacidad de propagación y por el impacto que puede tener en la salud de las personas. Más que una fecha en el calendario, constituye un llamado a fortalecer la prevención y la responsabilidad colectiva. 

Transmitido por la picadura del mosquito Aedes aegypti, el dengue puede manifestarse con fiebre, malestar general, dolores musculares y articulares, aunque en determinados pacientes puede evolucionar hacia formas graves. Por ello, la identificación temprana de los síntomas y la búsqueda oportuna de atención médica resultan esenciales para evitar complicaciones. 

En Cuba, donde la prevención de las enfermedades transmitidas por vectores constituye una prioridad sanitaria, el enfrentamiento al dengue requiere de la participación activa de instituciones, comunidades y familias.

La eliminación de depósitos con agua acumulada, la limpieza de patios y solares, así como la vigilancia de posibles criaderos dentro y alrededor de las viviendas, siguen siendo acciones decisivas para reducir la presencia del mosquito.

En territorios como Holguín, donde las condiciones ambientales pueden favorecer la proliferación del vector, la prevención comienza con pequeñas acciones cotidianas. Un recipiente sin protección, una acumulación de agua o un espacio descuidado pueden convertirse en sitios adecuados para la reproducción del mosquito y, con ello, aumentar el riesgo de transmisión.

La labor de los trabajadores de la salud, los especialistas en vigilancia epidemiológica y los operarios de control de vectores resulta indispensable, pero ninguna estrategia será suficiente sin la participación consciente de la población. La lucha contra el dengue no ocurre únicamente en hospitales o centros asistenciales; comienza en los hogares y en la actitud responsable de cada ciudadano.

Frente a esta enfermedad, la prevención continúa siendo la herramienta más efectiva. Cada criadero eliminado representa menos posibilidades para el mosquito y más protección para la comunidad. En esa tarea, la responsabilidad individual se convierte en una defensa colectiva.

FOTOS: Archivo Web


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