Los primeros años de vida son decisivos en la formación de cualquier ser humano. La manera en que un niño crece, se comunica y se relaciona con su familia influye directamente en su desarrollo emocional, social y físico. De ahí la importancia de promover una crianza basada en el respeto, el afecto y la comprensión.
La crianza respetuosa propone establecer límites, orientar y educar sin recurrir a la violencia física o verbal. Se trata de construir relaciones donde predominen la escucha, el diálogo y el reconocimiento de las emociones, sin renunciar al papel formador de la familia.
Hoy este enfoque gana espacio en diferentes países y también forma parte del trabajo que desarrollan profesionales de la salud y la educación en Cuba. Desde el embarazo, los programas de atención materno infantil promueven prácticas como el apego precoz, la lactancia materna y el acompañamiento a madres, padres y cuidadores durante los primeros años de vida.
En Holguín, consultorios, policlínicos y hospitales impulsan acciones de orientación familiar que buscan fortalecer las capacidades de quienes tienen la responsabilidad de criar. La educación para la salud incluye enseñar pero también crear entornos seguros y saludables para la infancia.
Hablar de crianza respetuosa es hablar de una responsabilidad compartida. La familia ocupa el lugar principal, pero también intervienen la escuela, el personal sanitario y la comunidad, en un esfuerzo conjunto por favorecer el bienestar y el desarrollo integral de niñas y niños.
Educar con respeto no significa permitirlo todo. Significa acompañar el crecimiento de los hijos con firmeza, paciencia y coherencia, entendiendo que cada etapa de la infancia necesita cuidado, orientación y mucho afecto.
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