Durante décadas, la poliomielitis estuvo entre las enfermedades que más temor provocaban en las familias. El virus podía afectar el sistema nervioso y dejar secuelas permanentes, especialmente en los niños. En los casos más graves, la parálisis comprometía incluso los músculos necesarios para respirar. Hoy, hablar de polio es también recordar cuánto puede cambiar la historia de una enfermedad cuando la ciencia y la prevención encuentran un camino común.
Ese camino comenzó a transformarse a mediados del siglo pasado con el desarrollo de las vacunas. En 1955 se anunció la vacuna inyectable de Jonas Salk y, pocos años después, la vacuna oral desarrollada por Albert Sabin facilitó las grandes campañas de inmunización. Desde entonces, la vacunación sostenida ha permitido reducir en más de un 99 por ciento los casos de poliomielitis en el mundo. Las Américas fueron declaradas libres de poliovirus salvaje en 1994, después de que se interrumpiera la transmisión en la región. El último caso causado por poliovirus salvaje en las Américas se registró en Perú, en 1991.
Cuba tiene una historia particular en este esfuerzo. En 1962 comenzó a administrar de manera masiva la vacuna oral de Sabin mediante campañas nacionales que llegaron a los niños de todo el país. La primera movilización permitió administrar más de cinco millones de dosis y alcanzar a una amplia mayoría de la población infantil prevista. La vacunación se acompañó de vigilancia epidemiológica, búsqueda de casos y un amplio trabajo comunitario, con vacunadores y voluntarios que llegaron hasta los hogares. Desde 1962, las campañas se mantuvieron de manera sistemática durante décadas y entre 1962 y 1996 se realizaron 35 campañas nacionales, con alrededor de 64 millones de dosis administradas.
El resultado fue decisivo: Cuba dejó atrás una enfermedad que había provocado epidemias y cientos de casos de parálisis. La poliomielitis fue eliminada del territorio y en 1994 la certificación de la OPS y la OMS confirmó ese logro. Pero la historia no termina con la desaparición de los casos. Mientras exista circulación del poliovirus en alguna parte del mundo, mantener la vacunación y la vigilancia continúa siendo necesario. El Día Mundial contra la Polio recuerda precisamente ese compromiso: proteger a cada niño para que una enfermedad que alguna vez cambió la vida de tantas familias no vuelva a encontrar un lugar donde propagarse.
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