En Entre Aguas, Gabriela Álvarez se enfrenta por primera vez al desafío de interpretar a una villana y lo hace sin recurrir a fórmulas manidas: busca en las contradicciones, las heridas y los afectos de su personaje las claves para construir una mujer tan cuestionable en sus decisiones como convincente en sus motivaciones.
Detrás de su frialdad y sus calculadas apariencias hay mucho más que maldad, y la actriz se adentra en esas complejidades para darle a Aitana una humanidad que no significa justificarla, sino comprenderla.
¿Cómo llega Aitana a tu vida?
Aitana llega luego de una llamada del director Felo Ruiz, quien me explica directamente que tenía un personaje negativo propuesto para mí. Era Aitana. Lo primero que sentí fue una alegría inmensa porque, casualmente, en paralelo a esa llamada, yo todavía estaba grabando Regreso al corazón, donde interpretaba a Alejandra, un personaje protagónico y una joven totalmente opuesta a Aitana.
»Alejandra, por supuesto, fue un trabajo muy importante, pues constituía el primer gran desempeño de mi carrera. Así que, en medio del reto que implicaba interpretarla, que me llamara otro director para proponerme esta singular Aitana, con tantos matices, fue algo que no pensé dos veces. Y aquí estoy, feliz de poder defenderla en Entre aguas».
¿Qué desafíos entraña asumir un personaje como Aitana?
Yo diría que muchos. Ciertamente, Aitana es un personaje negativo con muchos conflictos. Pasa por disímiles situaciones y, desde el primer capítulo, va atravesando vicisitudes e incomprensiones que la llevan a tomar decisiones, en muchas ocasiones incorrectas. Sin embargo, desde su percepción como ser humano, ese es el camino que debe tomar en la vida. Para ella, son determinaciones convincentes; por eso vive segura de lo que quiere.
»Aitana es una mujer que va con todo por aquello en lo que cree. Y ese es ya el primer y gran desafío a la hora de interpretarla».
¿Cuánto te exigió y cómo preparaste el personaje?
Me exigió mucho porque, ya sea un personaje negativo o no, todos imponen estudio e investigación a la hora de enfocar su perfil psicológico, pues en cada uno habitan cualidades, conflictos y resquicios emocionales totalmente diferentes de los que forman parte de nuestra propia vida. Esas emociones que experimentas en un momento determinado exigen estudio, empeño y una búsqueda interior para encontrar los porqués de cada una.
»La exigencia viene acompañada de un nivel exhaustivo de observación, y Aitana, como otros personajes, contiene un sinfín de características que he encontrado en personas que he visto por la calle. Cada persona con la que uno se encuentra le “regala” al actor, sin proponérselo, rasgos para el personaje que va a interpretar. En ese sentido, Aitana tiene muchos referentes».
¿Qué ha sido lo más difícil y lo más cómodo de interpretar?
Todos los personajes resultan complejos a la hora de interpretarlos. En el caso de Aitana, es completamente diferente de Gabriela Álvarez. El único rasgo que nos une es la familiaridad: ambas adoramos a los nuestros, y un buen ejemplo es la relación que ella mantiene con su abuelo y su padre.
»Otro rasgo que me resultó cómodo de asumir fue la entrega que desborda cuando se enamora. El resto de sus facetas me resultó difícil de interpretar y de hacer humanamente creíble. Aitana no es mala porque sí, y nada más. Detrás de determinados comportamientos hay situaciones complejas que han influido en la persona que es hoy. Es una mujer rebelde como respuesta a las historias que ha vivido. Se siente la mujer de su casa, y eso tiene un antecedente doloroso e intenso que no hay que justificar, sino entender. De ahí lo complejo de interpretar a esta joven».
¿Cuánto de bueno tiene este personaje?
Pienso que es un personaje que dejará enseñanzas a las generaciones actuales. Trabajamos para el público y lo hacemos con muchísimo amor, dedicación y entrega. Por tanto, me consuela saber que el televidente pueda entender el comportamiento de Aitana, porque, aun cuando su padre y su abuelo la han criado de manera tan noble, ella, un buen día, cambió de rumbo y no hubo manera de contenerla.
»La novela apenas va por la mitad y Aitana vivirá situaciones muy difíciles, pero tiene una gran capacidad para defender, ante todo, el amor, y eso habla bien de su esencia humana. Para ella, la lealtad y el amor hacia los suyos son lo más importante».
¿Qué sabor te deja esta experiencia actoral?
¡Maravilloso! Es mi primer gran personaje negativo y le tengo un gran cariño por el reto que ha supuesto interpretarlo. Confieso que el disfrute fue inmenso. Es un personaje con muchos matices, que vive de la apariencia de ser una persona honesta y sincera, y eso es lo rico que tiene: la amplitud de aristas que posee, las tantas zonas por las que permite transitar y disfrutar. Así que la experiencia fue maravillosa.
»Estoy muy agradecida con Felo Ruiz, el director; Viky Suárez, la codirectora, y el resto del equipo por esta experiencia que me llevo conmigo para siempre».
En Entre aguas, todavía quedan por descubrir las razones, las heridas y los conflictos que se esconden tras la ironía, la frialdad y la avaricia de Aitana. Gabriela Álvarez ha sabido adentrarse en las contradicciones de esta joven que parece dispuesta a todo para alcanzar sus propósitos, sin convertirla en una villana de trazos previsibles ni despojarla de su dimensión humana.
Ese es, quizás, uno de los mayores aciertos de su interpretación: construir una maldad serena, sin estridencias ni poses estereotipadas, que convence precisamente porque se sostiene en la seguridad con que Aitana defiende sus decisiones. Bajo la piel de Gabriela, el personaje no solo se vuelve creíble; también despierta la curiosidad por descubrir hasta dónde puede llegar.
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