¿Cuánto de una persona permanece cuando los recuerdos comienzan a desaparecer? La pregunta conduce a una de las enfermedades neurodegenerativas más complejas de nuestro tiempo: el Alzheimer. Cada 21 de septiembre, el mundo dedica una jornada a llamar la atención sobre esta enfermedad y las demencias, realidades que comprometen la memoria, pero también la autonomía, las relaciones familiares y la calidad de vida de quienes las padecen.
La historia se remonta a 1906, cuando el psiquiatra y neuropatólogo alemán Alois Alzheimer presentó el caso de Auguste Deter, una mujer de 51 años con graves alteraciones de memoria y comportamiento. Al estudiar su cerebro, identificó lesiones que hasta entonces no habían sido descritas de esa manera. Años después, aquella enfermedad recibiría su nombre. En 1994, la organización internacional Alzheimer’s Disease International (Federación Internacional de Alzheimer) estableció el 21 de septiembre como Día Mundial del Alzheimer, una fecha destinada también a combatir el desconocimiento y el estigma asociados a las demencias.
Hoy se estima que más de 57 millones de personas viven con demencia en el mundo, según la Organización Mundial de la Salud, y cada año aparecen cerca de diez millones de nuevos casos. El Alzheimer representa entre el 60 y el 70 por ciento de las demencias. Sin embargo, algo debe quedar claro: el deterioro cognitivo no es una consecuencia inevitable del envejecimiento. La detección temprana, el control de factores de riesgo, la actividad física y mental y el mantenimiento de los vínculos sociales pueden contribuir a preservar durante más tiempo la autonomía y la calidad de vida.
En Cuba, donde el envejecimiento poblacional plantea nuevos retos para la salud pública, la atención a las demencias exige una mirada que involucre también a las familias y las comunidades. Estudios cubanos han estimado una prevalencia de demencia cercana al 10 por ciento entre las personas de 65 años y más. El país cuenta con servicios especializados y con el Centro de Alzheimer y otros trastornos cognitivos, creado para favorecer el diagnóstico, la investigación, la formación de profesionales y el acompañamiento a pacientes y cuidadores.
Hablar de Alzheimer, entonces, no debería limitarse a contabilizar enfermos o esperar nuevos avances de la ciencia. También implica preguntarnos cuánto estamos preparados para acompañar a quien comienza a olvidar. Cuidar significa aprender a comunicarnos de otra manera, respetar sus tiempos y preservar su dignidad incluso cuando la enfermedad avanza. Porque aunque algunos recuerdos puedan desaparecer, la persona que los construyó sigue estando ahí. Y la manera en que la acompañemos también dice mucho de la sociedad que queremos construir.
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