La crisis climática ya no es una amenaza lejana que se avizora en los informes científicos; es una realidad palpable que golpea nuestros campos, restringe nuestros recursos y pone a prueba la resiliencia de cada comunidad.
Frente a este panorama, la provincia de Holguín demuestra que la adaptación no se reduce a proyecciones teóricas, sino a la acción constante y local a través de la Tarea Vida —el plan del Estado cubano para enfrentar el cambio climático—. Sin embargo, los logros alcanzados hasta la fecha no deben ser motivo de triunfalismo, sino el impulso definitivo para entender que proteger el agua y los suelos es una cuestión de supervivencia.
Lo que hemos conquistado: pasos firmes hacia la resiliencia
El esfuerzo sostenido de las delegaciones del Citma, especialistas y actores locales ha dejado huellas tangibles en el territorio:
Cobertura total en áreas priorizadas: Se reporta la reforestación completa de las fajas hidrorreguladoras de embalses, ríos y canales en las zonas de mayor prioridad.
Recuperación de manglares: Este ecosistema vital alcanza un 98 por ciento de salud ecológica, con más de 1 145 hectáreas reforestadas, sirviendo como escudo natural ante la erosión y el avance del mar.
Expansión verde y agrícola: La masa boscosa de la provincia aumentó en más de 2 000 hectáreas, y más de 4 000 hectáreas de suelos agrícolas cuentan hoy con protección directa mediante técnicas de conservación y árboles protectores.
Acción en cuencas clave:
-La cuenca del Cauto mantiene una cobertura boscosa del 19.5 por ciento (48 670 hectáreas).
-La cuenca Mayarí avanza en su paulatina recuperación tras las severas heridas causadas por el gran incendio en Pinares de Mayarí, manteniendo un índice boscoso del 50.1 por ciento.
-En la cuenca Sagua, aunque persisten retos de coordinación con tenentes de tierra, ya se registra un 31.58 por ciento de cumplimiento en las 19 hectáreas previstas para el año.
Los desafíos que nos exigen despertar
A pesar de las cifras alentadoras, el margen de error es mínimo. El subdelegado de Medio Ambiente del Citma en Holguín, Geovani Zaldívar Martínez, ha insistido en la necesidad de priorizar la eliminación de cárcavas, la repoblación forestal y la educación ambiental dirigida especialmente a las nuevas generaciones.
Hoy enfrentamos escollos que escapan de la burocracia y dependen de nuestra actitud ciudadana:
Las secuelas del fuego: El incendio en Pinares de Mayarí sigue pesando sobre la salud forestal de la zona, recordándonos lo vulnerable que es un bosque ante la negligencia o el impacto extremo.
La fragmentación de la tierra: La multiplicidad de tenencias en las franjas hidrorreguladoras complica a veces la siembra continua, exigiendo mayor concertación y compromiso social.
El eslabón más frágil (la conciencia): La percepción real del peligro climático sigue siendo una asignatura pendiente. Limpiar los ríos, cuidar las áreas amenazadas y asumir que cada árbol plantado es un dique contra la sequía exige un cambio radical en la mentalidad de todos.
Un llamado urgente a la concientización:
Sin bosques que retengan la humedad, sin raíces que amarren el suelo y sin ciudadanos comprometidos con la defensa de su entorno, el futuro del agua en Holguín se torna sumamente vulnerable.
La naturaleza no nos está pidiendo un favor; nos está exigiendo responsabilidad. Cada hectárea reforestada es un escudo contra la erosión y la sequía, pero ninguna norma estatal podrá sustituir el cuidado consciente que cada persona aporte desde su comunidad.
Cuidar una cuenca hidrográfica no es tarea exclusiva de los científicos ni de los inspectores ambientales: es la garantía de que las próximas generaciones podrán abrir un grifo y encontrar agua, o caminar por campos fértiles y no por tierras devoradas por la desertificación. El momento de actuar con sentido de urgencia es ahora. El agua de mañana depende enteramente del respeto y el amor que le profese el Holguín de hoy.
FOTOS: Juan Pablo Carreras Vidal

