Hay acontecimientos que permanecen en la memoria de los pueblos, no solo por la tragedia que representaron, sino porque dejaron una herida que el paso de los años no ha conseguido cerrar. El 6 de octubre de 1976, el vuelo CU-455 de Cubana de Aviación despegó de la isla de Barbados con destino a Jamaica. A bordo viajaban 73 personas de ellas.
Entre las víctimas se encontraba el equipo juvenil cubano de esgrima, que regresaba a la Isla después de participar en un campeonato en Caracas. Eran jóvenes atletas que representaban el futuro del deporte cubano y que encontraron la muerte lejos de su tierra.
En Cuba, cada 6 de octubre se recuerda a las víctimas del Crimen de Barbados. La fecha también fue establecida como el Día de las Víctimas del Terrorismo de Estado, en memoria de quienes perdieron la vida en aquel vuelo.
Cincuenta años después, el recuerdo continúa presente. Fotografías, nombres, testimonios y homenajes mantienen viva la memoria de las 73 personas que aquel día emprendieron un viaje que nunca llegó a su destino.
Barbados no es solamente el nombre de un lugar asociado a una tragedia. Es también memoria y duelo. Hoy, cuando se recuerda aquel 6 de octubre de 1976, las generaciones que no vivieron aquella tragedia vuelven la mirada hacia sus víctimas. Porque hay ausencias que no desaparecen con los años. Y hay nombres que la memoria se niega a dejar morir.
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