La vigésima edición del Festival Internacional de Cine Pobre reafirmó su vocación resiliente al inaugurarse en medio de la desconexión total del sistema eléctrico nacional con una proyección al aire libre del filme Neurótica Anónima, del realizador cubano Jorge Perugorría.
La gala de apertura celebrada martes frente al Cine Jibá, estuvo precedida del desfile inaugural del pueblo gibareño hasta la congregación en el Parque Calixto García, donde Sergio Benvenuto Solás, presidente del Comité Organizador, destacó el esfuerzo por mantener la esencia del certamen fundado por Humberto Solás.
Explicó que, en esta edición, se apostó por sistemas de pantallas al aire libre con baterías autónomas como respuesta técnica a la interrupción del fluido eléctrico, solución que refuerza la perspectiva comunitaria del evento y permite extender las proyecciones a las principales plazas de la conocida también como Villa Blanca de los Cangrejos.
Subrayó que el programa, nutrido por obras de una veintena de países, entre ellos Kirguistán, Irán, India, México, Venezuela y una amplia representación cubana, integra todas las manifestaciones en torno al séptimo arte y sostuvo la diversidad y el carácter alternativo que lo distinguen.
Alexis Triana, presidente del Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográficos (Icaic), afirmó desde el mismo escenario que no hay manera de que la cultura pueda ser bloqueada a un pueblo sabio que defiende la cita cinematográfica.
Señaló, además, que el Festival demuestra una vez más que sobrevive a cualquier obstáculo porque se sostiene en la inteligencia, el esfuerzo colectivo y el cariño de su pueblo.
La velada continuó con la proyección del mismo filme, presentado por su guionista y protagonista Mirtha Ibarra, Premio Nacional de Cine, quien la describió como un recorrido por los dilemas de una mujer que enfrenta una batalla por ser actriz.
El programa incluyó además una dedicatoria especial a Perugorría, quien presidió el certamen desde 2016 hasta 2021 y devolvió al evento el resplandor con el que soñó su fundador, Humberto Solás.
El público, congregado bajo el cielo abierto en pleno apagón nacional, disfrutó del primer largometraje de una programación que, según los organizadores, no desmerece respecto a años anteriores pese a las limitaciones del escenario actual.
La inauguración de esta vigésima edición dejó la certeza de que la cultura no se rinde y que la cita anual de Gibara reafirma, en su momento más desafiante, que la resiliencia es su principal bandera.
FOTO: Juan Pablo Carreras Vidal

